La puerta del Cementerio de La Cartuja, colindante con la Carretera Nacional 232, es frontera entre dos mundos. A un lado, el vértigo de un tráfico incesante. Al otro, la quietud de la ciudad de los muertos.
No es un camposanto rico en estatuas, pero no faltan severos recordatorios del destino ineludible.
Aunque otros mantienen una relación más barroca y colorista con la muerte...
















