Seguramente habréis observado en los últimos tiempos coches horrorosamente camuflados por excrementos de palomas. O tal vez el azar os haya jugado la mala pasada de que vosotros mismos hayáis sido el blanco involuntario de tales descargas. Siempre había ocurrido, pero la novedad está en la magnitud de los proyectiles, ahora enormes y, por ello, más incómodos y asquerosos.
Las "culpables" son las palomas torcaces que se han asentado en la ciudad, desplazando a las tradicionales palomas bravías (las de siempre, las del Pilar). Las torcaces son mucho más corpulentas, de color azulado y las protagonistas de tan copiosas "emisiones". Si difícil era encontrar hueco para aparcar legalmente, ahora los conductores deberían asegurarse, además, de que no haya torcaces sobre las ramas o las farolas junto al coche. Claro que... si son farolas como la de la fotografía ¡tranquilos!

